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Introducción

El ser humano posee la facultad de anticiparse a las cosas. Es decir, puede evaluar una situación futura, sopesar los potenciales problemas y determinar cual serán sus pautas de actuación antes incluso de que el problema se haya planteado. Digamos entonces que tenemos una capacidad resolutiva bastante notable.

Cuando diseñamos estamos ejercitando precisamente esta capacidad resolutiva. Planear un fin de semana, decorar nuestro nuevo apartamento o planificar una entrevista de trabajo son, al fin y al cabo, diferentes modalidades de diseño.

Hay un factor demasiado importante como para no tenerlo en cuenta dentro de nuestras planificaciones: ¿Cuáles son los recursos disponibles? Si no les “pasamos revista” relacionándolos y sopesándolos debidamente estamos dejando en manos de una imprevisible “aliada” mucho más del trabajo que a ésta le corresponde. Esta “aliada” es la improvisación y, en numerosas ocasiones, no resulta demasiado digna de confianza.

¿Que es diseño gráfico?

Llegados a este punto podemos decir que diseñar consiste en determinar una solución ante un problema que se nos plantea teniendo en cuenta, ojo, los recursos disponibles. Aunque normalmente asociamos el término “diseño” a aquello que consideramos que está bien realizado, todo lo que nos rodea está de una forma u otra diseñado, nada escapa al diseño. La cuestión no es diseñar, es hacer un buen diseño.

El diseño industrial, el diseño de modas, el diseño gráfico responden, con pocos matices que objetar, a esta definición genérica. Pero también la arquitectura, la ingeniería industrial, la política o incluso la medicina responden como disciplinas humanas a esta definición. Curioso, ¿no? De este modo, vemos que casi todas las actividades inherentes a los seres humanos o a la sociedad que estos componen tienen mucho que ver con el término “diseñar”.

El ser humano es una caja llena de recursos. Algunos comunes a todos sus congéneres. Otros parecen innatos puesto que hacen que algunas personas despunten desde la infancia mostrando habilidades no tan comunes. Y otros son frutos del bagaje técnico y cultural que las personas desarrollamos a lo largo de nuestras vidas. Cada uno de los recursos que tenemos o, mejor dicho, la suma de todos ellos, encaminan nuestra realización profesional, personal… hacia determinadas disciplinas.

Diseño gráfico: disciplina polivalente.

El Diseño gráfico constituye una de las disciplinas más polivalentes en cuanto a los recursos propios que nos solicita. Tradicionalmente, desde mucho antes que el Diseño Gráfico fuese reconocido como una profesión socialmente valorada, aceptada e incuestionable, la aptitud para el dibujo o la pintura se ha considerado una condición “sine quo” para dedicarse a esta profesión.

Sin embargo, conforme el Diseño Gráfico se ha ido fundamentando, desarrollando, y estableciendo otros recursos de trabajo, estos se han demostrado que resultan mucho más imprescindibles.

La capacidad de síntesis, el acervo cultural, la facilidad comunicativa… suponen en sí un mayor aporte para el éxito de un buen diseño. Los conocimientos técnicos de un buen fotógrafo, los conocimientos iconográficos de una persona con un cierto bagaje intelectual, la visión espacial y ordenada de un consumado arquitecto, por otro lado, constituyen recursos tan válidos y útiles como los que un ilustrador puede aportar a un Diseño gráfico.

Afortunada o desafortunadamente no abundan los profesionales que aúnen todas estas facultades y otras que no enumeramos dentro de lo que podemos denominar como “recursos propios”. Lo cual resulta un respiro para el resto de los diseñadores gráficos que explotan los suyos produciendo trabajos de gran calidad. Esta es la razón de que el Diseño Gráfico sea una disciplina tan vasta y rica así como la variedad en cuanto a productos y estilos de diseño que podemos encontrar.

Diseño gráfico e improvisación.

Y bien, ¿qué lugar tiene esa aliada de la que hablábamos antes en todo esto?. “El que cada uno quiera darle” dirán algunos. La improvisación está presente también en cualquier actividad humana pero hay que tener en cuenta una cosa: Diseñar e Improvisar son términos contradictorios, aunque no excluyentes.

A la hora de planear la solución a un problema, lo que dejamos a la improvisación se lo estamos quitando al diseño y viceversa. Unas “gotas” de improvisación pueden aportar frescura a un diseño gráfico. Un “chorro”, presumiblemente, convertirá nuestro diseño gráfico en un cúmulo de despropósitos.

Arte y diseño gráfico

La historia del Arte con mayúsculas está poblada de grandes y geniales “improvisadores” si bien hay que tener en cuenta dos cosas. La primera, la capacidad de improvisar con éxito viene dada por años y años de trabajo metódico y planificador. La segunda, el diseño gráfico tiene una función mucho más materialista y concreta que el deleite estético que produce el arte.

Función del diseño gráfico.

La función del Diseño Gráfico, que hasta ahora no habíamos dicho nada de esto, es comunicar de una forma visual una serie de mensajes y con un objetivo concreto.

Cuando Jackson Pollock, Paul Klee o Edward Munch pintaban sus lienzos probablemente estaban intentando, aunque fuese de modo subconsciente, comunicar algo. Bien, esto habría que preguntárselo a ellos o, en su defecto, a sus subconscientes. De todos modos, si el mensaje implícito en la pintura no era inteligible para el gran público este no era su problema. Esta última frase ha llegado a establecerse casi como un lema dentro de la pintura de este último siglo. Sin embargo, el diseñador gráfico no puede hacer suyo este lema.

Digamos entonces que el Diseño Gráfico tiene como función comunicar un mensaje de modo visual y que este resulte perfectamente comprensible y persuasivo para el receptor al que va dirigido.

diviertete diseñando

Clasificación genérica de diseño gráfico.

Dentro de la clasificación genérica de diseño gráfico, tenemos diferentes especialidades como el diseño publicitario, de packaging, diseño Web, diseño editorial, publicitario, tipográfico…

Mala cosa sería, por tanto, confiar en la improvisación más de lo que debiéramos. Mientras el buen profesional mantiene una lucha constante por ser capaz de planificar mediante bocetos, ideas, notas… su diseño, hasta tenerlo suficientemente claro antes de comenzar, unos “bichos” de silicio que funcionan a base de corriente alterna y software para digerir parecen haberse apoderado de la administración de las pautas de esta profesión en una progresión geométrica bastante intimidante.

Estos artificios, más tontos de lo que parecen por su aspecto, favorecen peligrosamente la improvisación en el diseño gráfico. La serpiente que ofrecía la dichosa manzana a Eva jamás pudo pensar que otra manzana resultara aun más tentadora que la suya. Hoy en día cualquiera se sienta frente a una de estas máquinas devoradoras de software y se confecciona él mismo un “diseño” sin más recursos que los que aporta la propia maquina.

¿Dónde están por tanto los recursos propios de los que hablábamos más arriba? Pues probablemente, en el mismo lugar que la calidad y la eficacia de ese “diseño” que acaba de crear. Decíamos que el buen diseñador amalgama y hace suyos todos los recursos disponibles. Por tanto, era de esperar que supiera poner a su servicio estas máquinas uniendo a los propios todos los recursos infográficos que estas aportan. Pero teniéndolas en cuenta como un recurso más.

Un recurso fabuloso, una herramienta productiva, limpia y rápida que trabaja en “tiempo real”, que no gasta tinta ni pegamento y que no mancha, pero al fin y al cabo un recurso más.

Aprovechar este recurso es, hoy día, un requisito indispensable para el profesional. Sin embargo, la combinación entre una mente ágil, un papel y un lápiz siguen siendo armas insustituibles en el Diseño Gráfico.

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